martes, 3 de noviembre de 2009

Citas falsas VII - cambios intencionados

«Tócala de nuevo, Sam» o ¿por qué aparecen y persisten las falsas frases célebres? – Parte VII: cambios intencionados

Hasta ahora hemos visto como muchas frases célebres de películas, libros, discursos… acaban siendo citadas de forma errónea por razones que tienen que ver nuestros procesos cognitivos normales. Un proceso que ocurre de una forma natural y que no es intencionado, y que bien podría ilustrarse, con ciertas salvedades, mediante la teoría de la evolución por selección natural: al replicarse y citarse la frase original se van produciendo cambios (causados, como ya vimos, por el azar, la simplificación, la búsqueda inconsciente de eufonía, la necesidad de síntesis o de dar más importancia, la omisión del contexto, la traducción, etc.) y de todas las resultantes, original y «copias modificadas» queda la que mejor funciona —la más «apta»— en el mundo de los epigramas.

Sin embargo hay casos en que no es así, y en los que la aparición de la falsa cita no es natural, si no que se debe a una manipulación consciente y deliberada… con propósitos no siempre buenos.


Mejoras o ediciones conscientes

Muchas veces un escritor, ensayista, comunicador, político, guionista… busca una buena frase para ilustrar una de sus ideas o el apoyo de esa autoridad y, a sabiendas, la cambia haciéndole una especie de «edición» a propósito, no por maldad ni por cambiarle el sentido, sino para que sencillamente suene mejor o quede más clara. Veamos un par de ejemplos.

Así Hobbes, cuando cita a Plauto en el prólogo de su obra «De Cive» —no en el «Leviathan», como ponen en la wikipedia y un montón de sitios más—, reduce la frase original, «Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit» («Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro»), a la más elegante y manejable «Homo homini lupus» («El hombre un lobo para el hombre»).

Como ya vimos en un post anterior, los guionistas de «Apolo XIII» cambiaron el tiempo verbal de la famosa frase para crear la más elegante: «Houton, tenemos un problema».


Sátiras con éxito

A veces las sátiras tienen más éxito que la realidad y se acaban confundiendo con la realidad misma. Carl Sagan le comentaba al popular cómico Johnny Carson que, en la imitación que había hecho de él en televisión, la frase «Billones y billones», dicha por el humorista de forma exageradamente melodramática para parodiar la forma en que Sagan se refería a la inmensidad del cosmos, había tenido tanto éxito que se la repetían por la calle y ya se la atribuían en muchas publicaciones cuando realmente él nunca la había dicho.


Durante la última campaña presidencial de Estados Unidos fue bastante célebre la frase de Sarah Palin, «Desde mi casa puedo ver Rusia», un tremendo disparate. La realidad es que ella dijo que desde algunas islas de Alaska se podía ver Rusia (lo cual es cierto) y que la autora de la susodicha frase fue la humorista Tina Fey, imitándola a ella en el Saturday Night Live.

Igualmente famosa es la respuesta de María Antonietta al comentario de que la gente estaba tan pobre y demacrada porque no comían pan: «Qué coman pasteles». Pues no, la señora no sería muy inteligente quizá, pero no llegaba tan lejos. El verdadero autor es Rousseau, en su autobiografía, y ni siquiera se refería a que ella fuese la autora de la frase sino que al usaba como sátira contra una abstracta «gran princesa». Y, por cierto, ni siquiera eran pasteles… eran brioches.

Freud, además de un gran escritor, parece ser que tenía un acerado sentido del humor. Se cuenta que en una conferencia sobre el significado de los sueños no paraba de juguetear con un cigarro cuando un asistente le preguntó qué simbolizaba ese cigarrillo. El célebre psiquiatra le respondió con la famosa alocución «un cigarro a veces es sólo un cigarro». Pues no… no hay constancia de ello y parece ser que la primera vez que aparece la frase es en un periódico, tiempo después de la muerte de Freud.


Ya aterrizando en el cine y nuestro país, hace años se repetía mucho la supuesta frase de Stallone, interpretando a Rambo, «No siento las piernas», dicha por el cómico Santiago Urrialde. No sé si Santiago —que tenía muchísima gracia— lo haría a propósito o no, pero la frase jamás se dice en ninguna de las partes de Rambo (hay una secuencia en que un amigo suyo pierde las piernas, eso sí), sino en «El Cazador» de Michael Cimino. Pero, claro, puestos a parodiar un arquetipo militarista, Rambo da mucho más juego que el menos conocido, y más dramático, personaje interpretado por John Savage.


Minería de citas y falacias contextuales

Se usa la expresión de «minería de citas» para denominar la costumbre de muchos periódicos y revistas que, literalmente, escarban entre el texto o lo que ha dicho alguien para buscar una frase epatante y llamativa con que encabezar un artículo… aunque, a veces, esa frase tomada fuera de contexto pueda dar lugar a malentendidos o se pierda algo el sentido.

Eso llega a un extremo muy simpático en las frases promocionales que, en los carteles, ponen algunas películas, teóricamente sacadas de críticas en revistas y periódicos, frases que, como es lógico ponen muy bien la película. Sin embargo, de haber tomado la crítica en su conjunto, podría verse que la opinión de ese crítico no era tan favorable como la frase aislada parecía indicar. Llega al extremo cuando se cogen palabras sueltas como «brillante», «imprescindible» o «asombrosa» que, en función de su contexto, pueden decir cosas muy pero que muy diferentes.

Pero los casos anteriores no llegan a ser graves y hasta pueden resultar simpáticos. Sin embargo esta minería de citas a veces se realiza como parte de una labor, habitualmente relacionada con la política y el poder, más interesada y en la que mucho más está en juego. Y puede hacerse en dos direcciones: positiva y negativa.

El caso de la minería positiva está relacionado con la búsqueda de la cita de una autoridad que apoye nuestra postura o nuestras ideas… y si no la encontramos, pues cogemos una cita un poco fuera de contexto y listo.

Esto es algo que le ha pasado muchos grandes científicos y divulgadores de la evolución, que son citados fuera de contexto por creacionistas y demás partidarios del «diseño inteligente» para hacer ver que sus ideas tiene el apoyo de esos científicos tan respetables.

Un ejemplo bien curioso y descarado es esta cita de Carl Sagan que usan los Testigos de Jehova: «La evidencia fósil podría ser consistente con la idea de un Gran Diseñador»: Más claro agua… sin embargo al ver el contexto de la frase, la cosa cambia:

«La evidencia fósil podría ser consistente con la idea de un Gran Diseñador; quizás algunas especies quedan destruidas cuando el Diseñador está descontento con ellas e intenta nuevos experimentos con diseños mejorados. Pero esta idea es algo desconcertante. Cada planta y cada animal está construido de un modo exquisito; ¿no debería haber sido capaz un Diseñador de suprema competencia de hacer desde el principio la variedad deseada? Los restos fósiles presuponen un proceso de tanteo, una incapacidad de anticipar el futuro, lo cual no concuerda con un Gran Diseñador eficiente (aunque sí con un Diseñador de un temperamento más distante e indirecto)»

Como podemos ver, Sagan dice precisamente lo contrario de lo que los creacionistas pretenden con esa cita tan descaradamente sacada de contexto.

Pero si esto es ruin, aún más ruin y devastador es el uso negativo de la minería de citas, que suele estar relacionado con la creación de «falacias del hombre de paja», o sea, desacreditar al adversario o su posición sacando sus frases fuera de contexto.


Un letal maestro de este arte fue Julius Streicher. Desde el periódico Nazi «Der Stürmer» se dedicó a rescatar todo tipo de frases de los textos sagrados y demás escritos hebreos para, ya durante la república de Weimar y, luego, con Adolf Hitler en el poder, publicarlas fuera de contexto y alarmar a la población ante el peligro que suponían los judíos, algo que contribuyó al estado de opinión general que hizo posible el genocidio judío. Su influencia fue tan grande que durante los juicios de Nuremberg se le consideró uno de los grandes instigadores del Holocausto, por lo que fue sentenciado a muerte y ejecutado.


Falsificación

Y, si en ese avance a través de libros y documentos no aparece alguna cita que sirva a los propósitos del minero de citas, algunos van más allá y crean la frase en cuestión. Es fácil poner una opinión propia en boca de alguna celebridad muerta, pues no podrá negarla.

Así, en una sencilla búsqueda a través de la red, podremos encontrar varias citas en que Einstein defiende la dieta vegetariana (que no practicaba) o incluso la astrología (en la que no creía), posturas que jamás compartió y sobre las que no existen verdaderas frases suyas a favor.

Sin embargo, como más daño puede hacer una cita falsa, igual que en el anterior apartado, es cuando se usa para desacreditar al enemigo. No debemos pensar que el poder de este tipo de falsificaciones es algo sin importancia, pues su influencia en la historia —como ya pudimos ver en el caso de Julius Streicher— puede ser grande.

Son tristemente famosos «Los Protocolos de los Sabios de Sion», una falsificación creada por la policía secreta zarista para desacreditar a los líderes comunistas, mucho de ellos judíos. Ese libro son las supuestas actas de una reunión secreta entre una serie de judíos que conspiran para dominar el mundo. Pese a no ser más que una burda falsificación, que incluso plagiaba, casi palabra por palabra, una obra satírica anterior («Diálogo entre Montesquieu y Maquiavelo» de Maurice Joly), esa obra tuvo un impacto enorme en la historia, siendo una pieza clave en los pogromos rusos y el Holocausto judío. Pese a su probada falsedad, aún hoy mucha gente los cita para justificar su antisemitismo.


Otra célebre falsificación es la «Carta de Zinoviev», una supuesta carta de la Internacional Socialista a la izquierda británica, de tono apocalíptico y conspirativo, y que provocó la caída del gobierno laborista de Ramsay MacDonald en 1924.

Evidentemente, una cita no tiene el poder de un libro o de una carta, pero bien usada puede hacer bastante daño. Así, mucha gente durante la segunda guerra mundial, se creyó a pies juntillas que Churchill había dicho que «sólo creo en las estadísticas que hago yo mismo», algo que le retrataba como un mentiroso. La frase había sido creada y difundida por Goebbels, el astuto ministro de propaganda Nazi, para desacreditar al líder británico ante la opinión internacional… especialmente la norteamericana, aún reacia a entrar en la guerra.

Recientemente se puso en boda del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad «Israel debe ser borrada del mapa», terrible frase que invita extremar las posturas beligerantes en Oriente Medio y que favorece a los halcones de la guerra. Sin embargo la frase real era: «el régimen sionista debería ser borrado de las páginas del tiempo», cuyo contenido es mucho menos beligerante y radical. El peligro y la mala intención de ese error de citado es evidente.

Resumiendo

Al contrario que en todos los anteriores apartados, en que las citas cambiaban de una forma más o menos «natural», resultando muchas veces en una mejoría de las mismas, en este caso los cambios intencionados, la sátira, la minería de citas y la descontextualización, y la falsificación son herramientas que, si bien alguna vez se han usado para bien de esas citas y las ideas que representan, habitualmente se emplean para la mentira pudiendo, en ocasiones, resultar muy peligrosas.

Afortunadamente, en el universo de las citas erróneas, estos casos no son los más abundantes… aunque hemos de ser extremadamente críticos cuando veamos aparecer una cita tan contundente, definitiva y potencialmente controvertida como las de estos últimos ejemplos.

Aunque con este post doy por terminado el contenido de estos posts dedicados a las falsas citas, en el próximo, a modo de epílogo, analizaré una frase que, con cinco sencillas palabras, ilustra todas y cada una de las grandes categorías que se han tratado en esta serie de entradas.

7 comentarios:

La navaja en el ojo dijo...

Hay que tener muchísimo cuidado con lo que se dice, es tan fácil que te saquen palabras de contexto...

¿Algún ejemplo de una frase de Julius Streicher?

La navaja en el ojo dijo...

Si no las tienes a mano, no hace falta que las busques. Me las puedo imaginar, jeje.

Era por si ya las tenías y las habías obviado por cuestiones de espacio o algo así. Pero, en serio, si tienes que ponerte a buscarlas, déjalo.

elperejil dijo...

Hay una que sí tengo en mente, aunque la cito de memoria, y que no puse por que sabía que me iba a dar lata corroborarla (a saber en cual de mis libros la había leido... y en la red no encontré nada), además de que también contenía un "error de traducción" intencionado. Era del Talmud y decía algo así como "es lícito para un judío engañar a un gentil", con lo que ponía a los judíos como unos ladrones avariciosos. Sin embargo, en la frase original, el supuesto verbo "engañar" se debería haber traducido como "hacer negocios" y la frase en su conjunto se refiere exclusivamente a las fiestas religiosas y sabbath, y viene a decir que "durante las fiestas y el sabbath un judío no puede hacer negocios con otro judío, pero sí lícito que los haga con un gentil".

La navaja en el ojo dijo...

Jaja. De todas formas, los judíos... sin perder una oportunidad de un buen negocio... No lo vaya a hacer el gentil con un chino o alguna otra raza que tenga una tienda por ahí. Jaja.

elperejil dijo...

Sí, jaja, puede verse así, como parte de ese arquetipo de negociantes (también es el arquetipo que se tiene de los gallegos en Argentina y, bueno, ha de reconocer que mi abuelo encajaba en eso...).

Sin embargo tiene bastante que ver con su carácter itinerante (eran un pueblo nómada antes de asentarse de donde, luego, fueron expulsados por Roma) y de diaspora. Sus comunidades siempre están rodeadas e inmersas en pueblos gentiles, con lo que existen estas excepciones para que puedan adaptarse a ellas.

Sobre este carácter de perpetuso extraños en tierra ajena es genial la frase de Phillip Roth en "El lamento de Portnoy" cuando el niño protagonista, tras comprobar que ellos no tienen Navidad, ni Acción de Gracias, ni Halloween ni nada por el estilo (al contrario que casi todos sus amigos no judíos), le pregunta a su madre mientras ve caer la nieve por la ventana: "Mamá, ¿para los judíos existe el invierno?" Es genial lo autocrítico e irónico que es el humor judío...

Anónimo dijo...

Un caso de falsificación no sólo de una frase sino de un párrafo compleot:
http://webs.ono.com/mizubel/marx.htm

Elperejil dijo...

Muchas gracias por el link, anónimo.

No conocía ese falso párrafo ni ese intento de vincular las opiniones de Marx con el Carlismo. Muy interesante. Todo el artículo es, de hecho, interesantísimo; un gran caso de fraude documental histórico perfectamente explicado y documentado. Una maravilla.