jueves, 3 de diciembre de 2009

El fenómeno Baader-Meinhof y la escopeta de Chejov

Hace unos meses estaba leyendo un libro sobre la guerra de Vietnam que se centraba bastante más en los aspectos políticos que en los militares. Por eso, al hablar de la oposición a la guerra, dedicaba bastante espacio al senador Fulbright, un demócrata que, ya desde el principio, se opuso a su propio partido y se manifestó contrario a esa guerra. En 1966 publicó una influyente obra, «La arrogancia del poder», que jugó un importante papel en la génesis del movimiento pacifista y cuyas tesis siguen siendo muy aplicables aún hoy.

También se recordaba que Fulbright había impulsado, ya en 1946, la creación de un programa de becas de estudio para fomentar el intercambio de estudiantes entre naciones; programa que aún existe en la actualidad.

Pocos días después, casualmente, descubrí que lanavajaenelojo había estudiado en Chicago gracias a una de esas becas Fulbright. Jamás había oído hablar de este personaje y, en tan poco tiempo, su nombre se cruzó dos veces en mi vida. Este tipo de casualidad y la sensación de extrañeza que me produjo es lo que se conoce como el «fenómeno Baader-Meinhof», algo que seguro que todos nosotros habremos experimentado más de una vez en nuestras vidas.
El fenómeno Baader-Meinhof
El término parece ser que fue acuñado por un tal Terry Mullen en una carta enviada al «Bulletin Board» (una especie de «cartas del lector») del «St. Paul Pioneer Press» de Minnesota. En ella, firmando bajo el pseudónimo de «Gigetto on Lincoln», relataba una anécdota que le había ocurrido hacía poco, muy similar a lo que cuento arriba, pero en relación al grupo terrorista alemán «Baader-Meinhof» (cuya historia ha sido recientemente llevada al cine por Uli Edel en una estupenda película que, injustamente, ha pasado bastante desapercibida), del que había oído hablar, por primera vez en su vida, dos veces seguidas en dos lugares muy diferentes.
Los lectores comenzaron a enviar numerosísimas cartas contando anécdotas similares a la suya, pero con otras cosas y conceptos, y debido a la enorme popularidad de esa carta y la gran respuesta que ocasionó, pronto, en todos los medios de Estados Unidos, comenzó a designarse a ese tipo de casualidades como el «fenómeno Baader-Meinhof».

Básicamente consiste en la aparición muy cercana, en la vida de una persona, de dos conceptos, nombres, acontecimientos o lo que sea, que no son nada comunes ni están de moda, y de los que esa persona jamás había oído mención alguna hasta entonces.

Este fenómeno también ha recibido otros nombres.

Uno es el de «fenómeno del plato de gambas». Se debe a la película «RepoMan», donde un personaje explica su personal teoría (copiada de Jung, como veremos más adelante) de que todas nuestras conciencias están conectadas con el ejemplo de que si piensas en un plato de gambas al poco tiempo alguien estará tomando eso, te lo ofrecerá o, de alguna otra manera, ese plato de gambas aparecerá en tu vida.
Otro nombre, más reciente, es el de “diegogarcity» (algo así como «diegogarcidad»), con un origen un tanto más refinadillo y rebuscado. Parte de la etimología de la palabra «serendipity» (en castellano se comienza a usar «serendipia» aunque el diccionario de la RAE, por ahora, no la reconoce; sería bastante equivalente a nuestra «chiripa»). A finales del siglo XVIII Horace Walpole, el padre de la literatura gótica, escribió un relato protagonizado por los tres príncipes de Serendip (nombre árabe de la isla de Ceylán, la actual Sri Lanka), que solucionaban todos los problemas en que se metían gracias a una serie de extraordinarias y afortunadas casualidades. A partir de ahí comenzó a usarse lo de «serendipity» para denominar a ese tipo de felices casualidades. Pues bien, como ese término del mundo de la casualidad está tomado de una isla del Índico, en una discusión de filología, se aplicó el nombre de otra isla (la isla Diego García) a este otro tipo de casualidad del que hablamos aquí, haciendo así un indirecto homenaje a Horace Walpole (y a “Las mil y una noches”, en cuyos cuentos se inspiró Walpole para su historia).
Explicaciones del fenómeno
Carl Jung ya había hablado antes de este fenómeno, aunque de una forma más amplia, llamándolo «sincronicidad», y englobaba tanto esa aparición cercana de dos conceptos como todo tipo de acontecimientos y hechos que se dan de repente (como que una persona comience a hacer algo, como plantar un árbol, y, de repente, otros hagan lo mismo sin tener relación alguna con el anterior). Jung explicaba esto como manifestaciones de una especie de conciencia colectiva a través de la que todos los seres humanos estábamos conectados de alguna manera. Una explicación un tanto espiritual y que, si bien encanta a los seguidores de las teorías «new age» y demás cosas paranormales, no goza de apoyo científico alguno ni es tomada demasiado en serio actualmente.

Otra teoría, más plausible y que sí goza de cierto apoyo experimental y de amplio reconocimiento, es el hecho de que las casualidades ocurren y que son predichas por la teoría matemática de la probabilidad, pero nosotros, psicológicamente, tendemos a infravalorar la probabilidad de ocurrencia de esas casualidades. Así, el profesor de un aula con 30 alumnos es probable que se sorprenda al descubrir que dos de ellos cumplen años el mismo día; sin embargo, la probabilidad de que eso sea así es del 90%. No es nada raro y, de hecho, lo extraordinario sería que ninguno de sus alumnos hubiese nacido el mismo día (y, aún así, es algo que en alguna clase de 30 niños, ocurrirá).

Por otra parte tendemos a organizar la caótica y enorme cantidad de información que nos llega en función de patrones y categorías que nos ayuden a manejarla y a manejarnos nosotros con ella. Por eso somos tan sensibles a las repeticiones e intentamos encuadrarlas en algún tipo de orden o lógica que, de alguna manera, pueda agruparlas. Esto es algo que ya veíamos en el anterior post, al hablar de la Gestalt, y que también apoyan multitud de estudios neurológicos y psicológicos.

Por eso, cuando un concepto o nombre es relativamente saliente (en mi caso, dado mi interés por la historia y el movimiento pacifista, me quedé con Fulbright; y un grupo terrorista, como el Baader-Meinhof, siempre atrae nuestro interés) y permanece en nuestra memoria durante un tiempo, brillará con especial intensidad cuando vuelva a aparecer en medio del torrente de información que recibimos a diario. Si pasase el tiempo y esa redundancia no se diese, es posible que el dato original se fuese fundiendo, poco a poco, con el resto de las cosas que olvidamos y acabase desapareciendo de nuestro recuerdo.

Subestimamos la inmensa cantidad de información que recibimos a diario y en la que es lógico que, de vez en cuando, se produzcan ese tipo de coincidencias y casualidades que hemos dado en llamar «fenómeno Baader-Meinhof», y que resulta tan llamativo a nuestra atención.

Sin embargo, si bien la realidad es caótica y excesiva, las narraciones nos gusta que sean limitadas y ordenadas (pues eso es lo que nuestro cerebro intenta hacer siempre con la realidad: ordenarla), con lo que ese fenómeno de las repeticiones, en una narración, se convierten en una necesidad imperativa y lógica que, entre otros nombres, es conocida como «la escopeta de Chejov».
La escopeta de Chejov
Chejov, en varios de sus escritos sobre narrativa, plantea que si al principio de una historia aparece una escopeta cargada (a veces también usa una pistola como ejemplo), más adelante ese arma debe usarse o, de lo contrario, eliminar por completo su presencia en toda la obra.

De este principio narrativo que nos plantea Chejov, además, podemos extraer un corolario que le da la vuelta y lo complementa. Si en un momento importante de la trama un personaje va a usar una escopeta, es importante que esa escopeta haya aparecido previamente.

Esto, que aquí hemos ejemplarizado con escopetas, y que se suele denominar como «anticipación» o «sembrado», se puede aplicar a cualquier elemento o recurso importante de la trama, sea un objeto relevante para la acción, un conocimiento específico de un personaje (como que sabe de primeros auxilios), una relación (tiene amigos en la policía), una debilidad (tiene miedo a las alturas), etc.

Igual que en el «fenómeno Baader-Meinhof» esto funciona en parejas: (1) el elemento es anticipado y (2) la anticipación se resuelve con el uso de ese elemento. Si alguno de esos dos puntos falla, el otro deja de tener sentido y se produce lo que se llama un «agujero en la trama».

Con el buen uso de las anticipaciones evitamos dos cosas. Cuando un objeto que tiene pinta se ser importante, como esa escopeta cargada, aparece, genera una especie de energía, de información relevante; estamos en un mundo donde hay una escopeta cargada… y algo puede pasar son eso. Si no pasa nada, nos sentiremos frustrados pues esa especie de energía (por llamarlo de alguna manera) no se descarga. Por otro lado, cuando aparezca la susodicha escopeta, ésta no parezca salida de la nada o que es una jugarreta que usamos los guionistas porque nos conviene.

De hecho, las tramas en que todas estas anticipaciones están bien hilvanadas y no queda ninguna suelta, suelen resultar muy satisfactorias y placenteras al espectador. Tampoco estoy diciendo que esto llegue para construir una historia —en absoluto—, pero es un elemento que, de estar bien resuelto, ayuda, y, de estar mal resuelto, provoca la sensación en el espectador de que algo falla.

Resumiendo
Aquí tenemos una prueba más de que la narración no refleja la realidad, sino nuestra visión de la realidad o de cómo inconscientemente creemos que debería ser la realidad, pues si bien en la vida ese tipo de coincidencias que denominamos «fenómeno Baader-Meinhof» nos resultan de lo más llamativas y extraordinarias, dentro de una película, serie o novela, no sólo nos resultarán naturales, sino que el que no ocurran de esa forma será percibido como un error o una pobreza por parte del narrador de la historia.

Por supuesto, estamos hablando de la narración clásica, pues existen muchas técnicas de vanguardia y anti-narrativas que juegan precisamente a romper con este elemento (y otros) para conseguir algún tipo de resultado expresivo; aunque, precisamente al basarse en romper estas «normas»… no hacen más que reconocer su existencia.

Por usar un símil sonoro, la realidad es como una cacofonía de mil sonidos entre los que, a veces, nos sorprende encontrar cierta armonía; sin embargo, a una narración le pedimos, le exigimos, que sea música.

PostScriptum: Acabo de leer una entrada de Daniel Castro, el guionista en Chamberí, que completa y amplia esta, pues él se centra de forma muy aguda en lo importante que es dotar de contenido emocional a esos sembrados o anticipaciones para que podamos recordarlos de forma eficiente durante la narración. Muy interesante y bien escrita, al entrada la tenéis aquí.

24 comentarios:

La navaja en el ojo dijo...

Jaja. ¿Pero cómo iba a ser yo consciente de tu Baader-Meinhof? Fue un buen cliffhanger. Si los de "Lost" le pudiesen decir a todos los espectadores que en el siguiente capítulo van a hablar de ellos con algo que no saben qué es, se asegurarían todavía más audiencia, jaja.

Elperejil dijo...

Jeje, sí que fue un cliffhanger (o gancho, pues aparecía en el último momento y de repente) un tanto tramposete... como los que se usan en muchas series, vamos. Pero intrigó, seguro, jaja... que es lo que se buscaba.

Podría haber citado otros casos pesonales; uno con Thomas Tallis, por ejemplo, que pasó de ser un desconocido para mí a entusiasmarme su música tras un curioso fenómeno de esos... pero iba a sonar demasiado pedantillo y al blog ya el va llegando :)

Y, efectivamente, si Lost (o cualquier otra serie) pudiese hacer algo así la audiencia iba a ser brutal.

La navaja en el ojo dijo...

Y ahora ya hablando de lo importante: no sabía que el fenómeno se llamase así o siquiera que tuviese nombre. Me ocurre un montón de veces. Antes me turbaba tanto como los déjà vues, pero ahora lo asocio a que probablemente había oído toda la vida hablar de lo que fuese con la misma frecuencia, pero sólo a partir de que una vez presté atención realmente y se me quedó grabado, la siguiente me pareció curiosa.

En cuanto al "planting" y a la anticipación, tampoco los veo tan iguales —me doy cuenta de la de matices que hay con estas cosas que creíamos que tenían una definición clara y única—, pues lo primero, que suelo traducir como "sembrado", lo asocio a un elemento muy concreto que tiene un resultado muy concreto y que se introduce para que dé ese resultado. La anticipación la asocio más con ir dejando algunas pistas sobre lo que va a pasar al final, como miguitas de pan y pueden ser varias, no sólo una.

No creo que el matiz se vea con estas palabras, pero lo ilustraré con ejemplos: el de sembrado sería la octavilla del reloj de la torre en Regreso al futuro. El de anticipación sería la conversación en el restaurante y todas las otras pistas que hay en El sexto sentido. El primero es imprescindible, lo otro podría estar y podría no estar o podrían ser otros con un mismo efecto, pues en esta película, de hecho, hay varios. Si no estuviese, la sorpresa final se vería como más tramposa, pero podría darse. Sin octavilla en Regreso al futuro, no podrían regresar. No sé si me explico bien.

Sé que es una diferenciación que hago yo, que no es la que dan otros autores, pero me parece que tiene algo de sentido, aunque sigamos hablando de cosas muy parecidas.

Elperejil dijo...

Sí, entiendo el matiz que diferencia a ambas... y creo que alguien debería hacer una norma ISO para guionistas y equilibrar todos los términos, jaja.

Yo suelo usar "anticipar" para ambas cosas, como algo más general; lo lei, en varios manuales y era lo que nos contaban en las clases; tampoco es que me lo inventase... y no me acuerdo si hacían muchas distinciones con otros matices pero, al final, en el curro, por comodidad acabas agrupando conceptos para que sea más fácil y cómodo trabajar.

En un curso que hice a través de un programa de la U.E. le llamaban "establish" (eran ingleses o, más bien, galeses) a lo de sembrar antes algo que iban a usar después y, curiosamente, en los tratamientos y sinopsis con las que trabajábamos sólo lo citaban cuando se resolvía y aparecía por segunda vez, en plan de que cuando escribiesen la escaleta o el guión ya buscarían el lugar para su primera aparición. En el tratamiento, por ejemplo, ponían: "... and Tommy takes the gun (establish) and shot his father..."

Sobre este tema también es curioso como usar "anticipaciones" (o como se les quiera llamar) y no resolverlas de forma eficiente, jugando precisamente a propósito con ese no resolver algo que ha sido plantado con mucha fuerza. Eugene Vale lo ejemplifica con un chiste: "Un tipo se aloja en un hotel. En la habitación de arriba hay otra persona que, con bastante ruido se saca un zapato y lo deja caer sobre el suelo provocando un gran golpe... el de abajo espera, y no se oye nada más, con lo que acaba por subir a la habitación del de arriba, muy airado, para pedirle que se saque el otro zapato de una vez". Aquí, la no resolución de la primera anticipación (se supone que a un zapato ha de seguir el otro, salvo que el tipo tenga una sola pierna) provoca esa tensión dramática que mueve los echos. Es una forma de utilizar una anticipación (o planting) de forma "negativa", a través de su ausencia...

Elperejil dijo...

"... que mueve los hechos"

Ay, se me voló la "h" al teclear.
Qué vergüencita.

¿Por qué sólo releo lo que escribo después de darle a "publicar comentario"? Mala costumbre...

La navaja en el ojo dijo...

Ah, sí, conocía lo del zapato... es muy bueno.

A lo mejor la diferencia viene también por ahí: para mí el planting es algo que nadie tendría que pensar que va a tener un resultdo, ni siquiera tendrían que sospecharlo, por ello tiene que ser algo muy disimulado y de apariencia inocente. Sería darle la vuelta a lo de Chéjov: si necesito la escopeta, la sitúo antes. Pero, precisamente como esto está tan claro que hasta un autor de hace tiempo lo estableció como norma, es algo que no puedes evitar que cree sospechas. Así que siempre sería mejor que lo sembrado no fuese un arma.

La anticipación, sin embargo, la entiendo más como todo lo que estás diciendo tú: esas cosas que sabemos que van a llevar a algún sitio y que queremos que nos lleven a él y que, si no nos llevan, nos sentimos frustrados. La utilizo más en el apartado de dosificación de información, mientras el planting lo utilizo cuando explico la verosimilitud. Es decir, la anticipación sirve para tener al espectador pendiente y con curiosidad sobre el desarrollo de la peli. El planting sirve para evitar un deus ex machina o justificar algo que, si no, sería inverosímil.

La navaja en el ojo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Elperejil dijo...

Lo primero que comentas es muy cierto; los autores cada vez tienen que ser más astutos para sembrar esos "planting" "establish" o "anticipaciones" y que no canten ni sean demasiado descarados (salvo que nos interese que así sea, como lo del zapato); en "regreso el futuro" está muy bien, pues usa el folleto de lo del rayo para escribir algo detrás y pasa bastante desapercibido o, por lo menos, natural. Esa peli es realmente ejemplar en cómo va sembrando todos los elementos que luego necesita.

Echando un rápido vistazo al manual de Chion, veo que el llama anticipación a lo mismo que tú, lo de poner elementos que despierten el interés del espectador... aunque a lo otro no le llama de ninguna manera y lo incluye casi bajo el mismo epígrafe que esto, con lo que la "conceptualización" de estas cosas no queda del todo clara.

De todos modos es muy interesante analizar todos estos matices para ver como funcionan las diferentes piezas de la estructura a la hora de hacerlas encajar unas con otras... les llamamos como les llamemos.

Ignacio dijo...

Genial entrada! Creo que leyendo este blog cada día soy más listo, o menos tonto.
Creo que un problema en los guiones de varias películas es el uso "a posteriori" de este recurso que ya no sé cómo llamarlo, "planting", "establish"... etc., y que en mi opinión es causado por el trato general de "tonto al que hay que explicárselo todo" que se tiene con el espectador medio. Como explicas en el ejemplo del curso galés, parece que la aparición de objetos o habilidades utilizados por los personajes tienen que estar explicadas anteriormente, supongo que intentando evitar un comentario del espectador del estilo "anda ya, de dónde ha sacado eso?" y que levante un muro de incredulidad que lo saque de la película. Un recurso para que el guionista diga "veis? no es deus ex machina, ya os dije al principio que la niña de siete años era experta informática, así que nadie se sorprenda ahora!".

Elperejil dijo...

Muchas gracias por tu comentario Ignacio.

Lo que dices es bien cierto, una mala anticipación (les llamo así por vagancia conceptual, pues navaja me ha hecho dudar seriamente) puede resultar tan obvia que luego su resolución se vea venir a la legua y pierda por completo el efecto. Por eso los guionistas no han de conformarse con el dominio de los conceptos estructurales, como esto de las anticipaciones, sino que han de saber usarlos con imaginación, astucia y originalidad para conseguir eso tan difícil de que algo sorprenda y sea consecuente con todo lo visto anteriormente... esa es la parte de "arte" del asunto, me temo; y puede haber ejemplos, pero no normas... ahí es cuestión de ingenio, talento y experiencia. Cuando una peli lo consigue, de hecho, es toda una gozada que "te lleven al huerto" así. He de reconocer, por ejemplo, que "El sexto sentido", en su día, lo logró.

Elperejil dijo...

Vaya, justo Daniel Domínguez (a quien tuve el doble lujo de tener como profesor y, años más tarde, como compañero de trabajo... aunque para mí siempre será "el maestro" -en los varios sentidos del término-) acaba de publicar en su blog "La escuela de los domingos" (uno de los mejores blogs de cine) una entrada en la que analiza una serie de brillantísimas anticipaciones (que él, sabiamente -y explica por qué- llama "tesoros enterrados") en diferentes funciones y usos en varias películas.
Es un post increíblemente brillante y que, más que completar, extiende lo que aquí comento... visita obligada, en serio, lo agradeceréis:

http://laescueladelosdomingos.blogspot.com/2009/12/un-yacimiento-de-espejos.html

Elperejil dijo...

Dos constantes en esas anticipaciones (claves para que funcionen bien) es (1) que son elementos originales, nada tópicos y (2) que cada una tiene su propia historia, cada una funciona por sí misma de forma autónoma, de manera que cuenta algo de forma completa, cerrándose (y algunas de forma bellísima o simpática) en al mente del espectador que pensará que su uso, tan bueno, ya está concluido... y por eso, cuando vuelven a aparecer tomando un nuevo sentido, esa presencia resuena con un eco bellísimo... son necesarias, pero también son un regalo.

jordim dijo...

oh, ya estaba bautizado todo eso..

Elperejil dijo...

Y no sólo con nombre, sino con varios ;)

Majo dijo...

Oye, qué interesante tu blog, y qué delicia en enlace que pusiste del post "un yacimiento de espejos".

Entre varios me habéis alegrado la tarde.

B7s

Elperejil dijo...

Muchas gracias, Majo.

Tú comentario sí que me ha alegrado la tarde. ;)

Daniel Domínguez dijo...

Gracias por haber recomendado tan calurosamente la entrada que, mira por donde, podría leerse como una cara B de la tuya (estupenda).
Gracias también a Majo por hacerse eco y por el generoso elogio.

Lola Mariné dijo...

Una entrada muy interesante.
Es verdad que todos hemos tenido esa sensación a veces, y para los que escribimos, es bueno tener presente esa idea de la anticipación.
Buen domingo.

La navaja en el ojo dijo...

Voy a leer ahora mismo lo de Daniel Domínguez.

Pero antes, añado algo sobre lo que decía Ignacio:

Cuando yo doy clases, les doy algunos consejos para evitar que los plantings/anticipaciones se adivinen. Uno de ellos es desoír o precisamente oír demasiado bien a Chéjov y nunca "plantar" nada que sea un arma. Tiene que ser algo de apariencia muy inocente. En el ejemplo que daba de Regreso al futuro es una octavilla, ¿quién va a sospechar de eso?

Otra es darle una teórica solución para que la gente crea que ya ha cumplido su función y no se vean venir que, en realidad, tenía otra todavía más sorprendente. Pongo como ejemplo el capítulo de "Friends" “El de la cinta de vídeo” (“The one with the videotape”) .

Otro consejo es que se introduzca siempre en una escena que parezca que, por sí misma, tiene una razón de ser y no dentro de una escena que se note mucho que está ahí sólo para plantarte algo. Si es una conversación que no viene a cuento de nada, todo el mundo va a sospechar. Pero si se tratase, por ejemplo, de una escenita romántica o emotiva de algún tipo, el espectador ya piensa que estas secuencias tienen una función por sí mismas que es la de producirte una emoción. Así, la cosa que se "plante" en ella no levantará sospechas porque parecerá que forma parte de lo romántico. Por ejemplo, un regalo de un colgante con el que un chico pida perdón o prometa algo a la protagonista.

Tiene que estar muy disimulado, pero no tanto como para que la gente no se acuerde. O sea que es difícil, muy difícil.

Elperejil dijo...

Muchas gracias Lola y Daniel por vuestros comentarios.

Realmente ha sido una gran y afortunada casualidad que Daniel tratase este mismo tema desde una perspectiva tan diferente y complementaria. Por pereza no puse ejemplos... y mucho mejor, porque no habría sido ni la mitad de buenos (ni tan bien contados) como los de "laescueladelosdomingos".

Y, vaya por Dios, navaja, justo escribiendo un guión esta semana he usado un "planting"... que era un colgante. Qué casualidad, jaja...

No puedo contar mucho porque es algo que aún no se ha estrenado y que, encima, está en primera versión... pero la cosa va por una importante pista que casi resulve un misterio (por lo menos le da un giro definitivo) y que "camuflo" relacionándola con otra trama de carácter emotivo (no es romántica) en la que ese colgante tiene sus propias apariciones, significados y resolución... y cuando toda la historia de ese chisme está resuelta, ¡chas!, se convierte en la pieza clave de un crimen. A ver si funciona.

Lo que les cuentas a tus alumnos está muy bien y sí que me parece que es la mejor manera de sembrar esas anticipaciones necesarias, pues cuando cantan resultan muy pobres y matan la sorpresa.

Y sobre esto iba a poner un par de cosas más... pero es que me has dado la idea para el siguiente post, jeje... mira tú, la segunda vez seguida que un comentario de navaja me da para un nuevo post, jaja...

(continuará...)

;)

La navaja en el ojo dijo...

Me alegro de que sea así.Y también es otra manera de crear anticipación para que quiera leerlo, jeje.

Y lo del guión que estás escribiendo... qué grande la casualidad. Pues ya nos avisarás de cuándo se emite para que no nos lo perdamos.

Elperejil dijo...

Bueno, a ver si sobrevive el elemento ese a las sucesivas reescrituras... y si es así ya os contaré.

A ver si mañana saco el post, que llevo unos días un poco vaguete.

micronauta dijo...

Un artículo brillante, gracias por compartirlo. Gracias también por la recomendación de "La escuela de los domingos", ha sido un auténtico descubrimiento. Como comentaba alguien más arriba, entre los dos me habéis alegrado el día.

Elperejil dijo...

Gracias por tu animoso comentario; vosotros sí que me alegrais el día
:)

Por cierto, este artículo continúa en el siguiente ("escopetas, pistolas, ametralladores, arenques colorados y unas cuantas cosas más")