martes, 2 de febrero de 2010

Los sueños II – Las fronteras del sueño

Antes de entrar en el reino de los sueños, veamos qué hay por sus fronteras. Primero nos acercaremos a las extrañas patologías que rodean el dormir y luego a otros fenómenos que, no por ser normales y comunes, resultan menos interesantes.

El ICSD es un manual específico para este tipo de trastornos. Ha sido desarrollado por la Asociación Americana de los Trastornos del Sueño y es de amplio uso en medicina. Los clasifica en tres grandes grupos: las disomnias, las parasomnias y los asociados a otros problemas médicos o psiquiátricos.

Disomnias
Son los problemas y trastornos relacionados con nuestra dificultad para controlar el sueño, bien sea para iniciarlo, para mantenerlo o para evitarlo fuera de su momento normal. Se dividen en tres grandes grupos:

El primero comprende los trastornos primarios del sueño, en los que el problema está en el mal funcionamiento en nuestros mecanismos del dormir. Entre ellos están el devastador insomnio, del que ya hablé en una entrada anterior; la narcolepsia: dormir demasiado durante el día y/o no poder controlar la aparición de esa somnolencia; la hipersomnia: dormir demasiado tiempo, incluyendo la noche, lo que acarrea una paradójica sensación de cansancio; y las apneas del sueño: fallos respiratorios que provocan pequeños despertares que arruinan la calidad del sueño.
El segundo recoge los trastornos extrínsecos del sueño, en los que éste se ve afectado por algún problema o circunstancia externa: un cambio de lugar, ruidos, altitud, alergias, comidas copiosas, drogas, alcohol, alergias, etc.

Finalmente, el tercero lo conforman los trastornos relacionados con las alteraciones del ritmo circadiano: el «jet lag», los cambios de turnos horarios, o la alteración de las fases normales de ese ciclo.

Para considerar que existe una disomnia no llega un episodio aislado, que entraría dentro del rango de lo normal, sino que es necesaria cierta persistencia y que eso llegue a afectar de forma negativa la vida del que lo padece.

La clasificación de las parasomnias
Las parasomias son los problemas y trastornos que nos ocurren mientras estamos dormidos o ya iniciando el sueño. Al contrario con las disomnias, que estaban relacionadas con el sueño en sí mismo (su duración, mantenimiento, control), las parasomnias tienen que ver con conductas extrañas o fenómenos psicológicos que ocurren en paralelo a esa acción de dormir.

En su clasificación, los dos principales manuales de diagnóstico que las abordan siguen dos criterios diferentes.

El DSM-IV-TR, el usado mayoritariamente por los psiquiatras americanos y los psicólogos de todo el mundo, categoriza las parasomnias en cuatro grupos: pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo y parasomnias indiferenciadas.

El ICSD clasifica las parasomnias en función del momento del sueño en que se producen: durante la fase REM, durante una fase noREM, o misceláneas (no vinculadas a una fase concreta del sueño).

Como el ICSD también incluye las categorías que recoge el DSM-IV-TR e incorpora muchas más que el otro deja (el DSM está enfocado exclusivamente a los trastornos mentales y de conducta, por lo que deja fuera los problemas exclusivamente fisiológicos), partiré de la clasificación del ICSD.

Parasomias de la fase no REM
Estas, a su vez, se dividen en dos grandes grupos:

Las que causan despertares, entre las que están los despertares confusos, los terrores nocturnos y el sonambulismo.

El despertar confuso y los terrores nocturnos ocurren entre las fases III y IV del sueño, y ambos consisten en el repentino despertar de la persona —habitualmente niños—. En el primer caso, tras una serie de movimientos previos, nos despertamos completamente desorientados y con cierto miedo ante esa pérdida de referencias que va desapareciendo poco a poco. En el caso de los terrores nocturnos los gritos y las lágrimas ya comienzan durante el sueño y se mantienen después; la persona afectada, presa de ese pánico, es muy difícil de consolar o controlar y puede llegar a tener conductas violentas o a autolesionarse accidentalmente (o a otros). Una vez consigue calmarse no suele recordar nada de lo que pasó o lo que le provocó ese miedo. El DSM-IV-TR agrupa estos dos trastornos en uno.

El sonambulismo ocurre durante los momentos de ondas delta del sueño profundo o de fase IV. Es muy conocido por todos y resulta impresionante ver a una persona dormida con los ojos abiertos y moviéndose para llevar a cabo acciones que pueden ir desde cosas muy sencillas a tareas muy complejas. Los episodios pueden durar desde unos minutos hasta media hora y la persona, habitualmente, no recuerda nada. No es nada aconsejable despertarlos bruscamente, pues estarán completamente desorientados y eso les dará un susto tremendo.

El segundo grupo de parasomnias que ocurren fuera de la fase REM está formado por los trastornos de la transición entre vigilia y sueño, y suelen darse en las fases de adormecimiento y de sueño ligero. Su aparición esporádica se considera normal y sólo se considera un trastorno cuando es muy frecuente y causa serias molestias. Entre ellos están:

El síndrome de piernas inquietas: una sensación de picor o calor en las piernas que hace difícil conciliar el sueño.

El síndrome de movimientos periódicos de los miembros: movimientos repentinos e involuntarios de brazos y/o piernas, que pueden llegar a despertarnos o a resultar muy molestos a nuestra pareja.

El síndrome de movimientos rítmico: sacudidas o movimientos de grupos de músculos, muy habitualmente del cuello y la cabeza. Es muy frecuente en los niños pequeños sin que llegue a ser patológico… por lo que dormir con ellos en cama puede convertirse un deporte de riesgo para nuestros tabiques nasales.

Sobresaltos nocturnos: repentinos despertares con una sensación de sobresalto que pasa rápido. Aunque no va acompañado del miedo de los terrores nocturnos o los despertares confusos, si se produce con frecuencia puede llegar a ser una grave molestia que acabará provocando insomnio.

Hablar en sueños: de forma natural y sin que ello vaya acompañado de bruscos y repentinos movimientos corporales. Se produce en las fases de sueño ligero y pueden ser largos y coherentes, a diferencia de los breves y rápidos parlamentos asociados al trastorno de la fase REM que veremos en ese apartado.

Nuevas candidatas a parasomnias de la fase no REM
Para la nueva revisión del ICSD es posible que dos nuevas parasomnias hagan su entrada en el anterior apartado.

La Sexsomnia o Conducta Sexual Sonámbula, que consiste en mantener relaciones sexuales en estado de sonambulismo que luego no se recuerdan. Este peculiar trastorno, que ya había sido adelantado por más de una película pornográfica, ya ha aparecido en uno de los capítulos de la serie «House», cuyos guionistas se ve que están a la última en esto de las novedades diagnósticas.

El Síndrome de Hiperfagia Nocturna que consiste en un exceso de ingesta durante la noche (cuando habitualmente no se come casi nada). Para considerar que existe un trastorno la mitad de la cantidad de ingesta diaria ha de hacerse por la noche. Eso provocará cierto grado de anorexia matutina y serios problemas de sueño por la noche que se arrastrarán en forma de cansancio y apatía a lo largo del resto del día.

Parasomnias de la fase REM
Son las parasomnias que se producen durante la fase REM.

La más frecuente es el Trastorno del Sueño de la fase REM, en el que se pierde la atonía que caracteriza esta fase y el cuerpo, de repente, comienza a moverse en función de lo que estemos soñando en ese momento. Podemos hablar, gritar, dar una patada, saltar, sentarnos, girar… algo que puede resultar inocuo o que puede lesionar a nuestra pareja o a nosotros mismos, de tal forma que las personas que sufren este mal deben dormir rodeados de todo tipo de medidas de protección para evitar accidentes (cojines y almohadones por los lados, camas bajas, nada de mesillas ni objetos alrededor, etc.). Es un trastorno de base neurológica y, cuando es crónico, suele estar relacionado con otros de tipo degenerativo (Parkinson, demencias…) o con la narcolepsia. De forma aguda y puntual puede aparecer como efecto secundario de ciertas drogas y psicofármacos.

La parálisis del sueño vendría a ser lo contrario de lo anterior. La mente se despierta pero persiste la atonía muscular durante un tiempo, con lo que estamos conscientes pero somos incapaces de movernos. Esto puede ir acompañado por alucinaciones sonoras y visuales, con lo que podemos imaginarnos el miedo que puede causar en el que lo padece.

También puede resultar aterrador el trastorno por pesadillas, también llamado ataque de ansiedad en sueños. Va acompañado de un alto nivel de activación cerebral, taquicardias, respiración acelerada, sudoración y provoca un rápido e inmediato despertar. Al contrario que en los terrores nocturnos la recuperación es rápida y se recuerda perfectamente la pesadilla, muy vívida y aterradora, que ha provocado ese episodio.

Menos aterradores, aunque quizá más preocupantes para los hombres, son los dos siguientes trastornos, ambos relacionados con el pene. Es normal que durante la fase REM se experimenten erecciones. Los disfuncional y problemático es la falta de ella (el trastorno por falta de erección en sueños) o cuando ésta provoca dolor en sueños mientras que en la vigilia es normal (el trastorno por erecciones dolorosas en sueños). Ambas parasomnias suelen estar relacionadas con problemas urológicos o de la fisiología del pene. El segundo, como es lógico, puede causar miedo a dormir y esa falta de sueño puede tener graves consecuencias en nuestra vida diaria.

La arritmia de la fase REM consiste en episodios de arritmias cardiacas sinusales (concretamente la desaparición de algún latido dentro del ritmo cardíaco normal) que se producen en sueños y no durante la vigilia. Son difíciles de detectar y diagnosticar. Se han encontrado en algunas personas al hacerles seguimientos cardiacos continuos (con una aparatito que llevan durante varios días y que monitoriza todo su ritmo cardiaco) y descubrir que sólo tenían esa arritmia cuando soñaban.

La catatrenia es en una especie de quejido que lanza el durmiente y que va acompañado de una breve pausa en la respiración, como si le faltase el aire. Este quejido puede llegar a despertar al durmiente… y no digamos ya a su pareja.

Otras parasomnias
Estas no están férreamente asociadas a una fase concreta del sueño y se pueden producir en cualquiera de ellas. Incluye bastantes trastornos que pueden ir desde las simples molestias del bruxismo (ese ruido que hacen los dientes al rozar mientras dormimos) o los ronquidos primarios (no causados por otros factores como el alcohol o el sobrepeso), a la aterradora muerte súbita inexplicable nocturna (tanto en adultos como en niños y que consiste en que, sin saber por qué, la víctima amanece muerta. Es la pesadilla de todo padre primerizo durante los primeros meses de vida del bebé; de hecho, conocí un caso en Coruña y no se me puede ocurrir desgracia peor para una familia), pasando por la enuresis nocturna (orinarse en cama), el síndrome de deglución anormal asociado al sueño (movimientos como de comer que, al producir saliva causan toses y atragantamientos), la distonía paroxística nocturna (repentinos movimientos bruscos e incontrolados), el síndrome de hipoventilación congénita (fallos respiratorios nocturnos)… sin que falte el clásico «otras parasomnias no específicas» que reúne todos aquellos trastornos que no entran en las demás categorías.

Trastornos asociados con otros procesos médicos o psiquiátricos
Aquí se agrupan los problemas que causan en el sueño otras enfermedades, tanto psicológicas —depresión, esquizofrenia, etc.— como fisiológicas —dolores crónicos, asma, úlceras, epilepsias, Parkinson, tripanosomiasis (la famosa «enfermedad del sueño»), etc.—.

En el cine
Respecto a las disomnias, ya vimos como era retratada en el cine la más común: el insomnio.

No es la única que se ha usado en el séptimo arte, tanto para caracterizar a algún personaje (los trastornos del sueño son empleados con cierta frecuencia para reflejar algún tipo de trauma o conflicto interno de algún personaje) como para provocar algún giro dentro de la trama. Un buen ejemplo sería la narcolepsia, que ha sido llevada a extremos muy exagerados y nada realistas en películas como “Moulin Rouge” o “Rat Race”, donde los personajes interpretados por Jacek Koman y Rowan Atkinson caían de golpe en un profundo sueño debido a sus repentinos ataques de narcolepsia, cuando en la realidad esos ataques ni son tan fulminantes ni tan incontrolables. También es relativamente común encontrar referencias al fenómeno del «jet lag», que incluso ha dado título a la película dirigida por Daniele Thompson en 2002 y en la que, paradójicamente, el «jet lag» no jugaba un papel demasiado relevante en la trama y se quedaba en una simple metáfora de la historia.

Dentro de las parasomnias, el sonambulismo, por lo espectacular y misterioso que resulta, es una de las que aparecen con mayor frecuencia en las películas. A veces se usa para caracterizar a un personaje y suele indicar cierta debilidad o sensibilidad, o algún conflicto interno… como en el caso de los sentimientos de culpa de Lady Macbeth.

Otras veces simplemente se usa para generar tensión y miedo, como en el caso de la niña de «Silent Hill», cuyo caminar dormida resultaba más aterrador que toda la galería de estrambóticos monstruos que poblaban una película que, precisamente, perdía su magia y misterio en cuanto se desmadraba.
En algunos casos este caminar en sueños se convierte en el eje de la historia, habitualmente de terror o misterio, como la española «Sonámbulos», dirigida en 1978 por Manuel Gutiérrez Aragón, la americana «Sleepwalkers”, en la que Mick Garris adaptaba un relato de Stephen King, la sueca «Sonambulo», la húngara «Sonámbulos» (como se puede ver, no hay mucha variedad en los títulos)

... o la curiosa película nigeriana «End of the Sleepwalker», historia de crímenes y venganzas cuyo curioso tráiler os incluyo:

Aparte del terror el sonambulismo aparece en otras historias, como en la curiosa película argentina de ciencia ficción “La sonámbula», de Fernando Spiner, en que ese concepto se usa como metáfora de la pérdida de identidad y memoria.
En «My Winnipeg», el extraordinario y poético documental-fantasía del cineasta canadiense Guy Maddin, el sonambulismo de los habitantes de Winnipeg (según el autor es la ciudad con mayor tasa de sonámbulos de América, diez veces más que en cualquier otra), que llevan en su mano un abultado manojo con las llaves de sus casas mientras caminan dormidos por calles heladas, funciona como una potente y poética imagen con la que el autor nos intenta transmitir parte del alma, la esencia, de su hogar y ciudad natal. Un lugar del que pretende salir (o huir) y no puede.
También es curioso el uso que se hace del sonambulismo en «The Sleepwalker Killing» (protagonizada por Hilary Swank antes de ser tan famosa), película que se inspira en varios casos reales en que la defensa usó como argumento para exonerar a su cliente que éste había cometido un asesinato en estado de sonambulismo.
Pero no todo va a ser terror, crimen y pérdida de identidad, pues tanto Disney como algunos cortos mudos han usado el sonambulismo como punto de partida para divertidos cortometrajes de puro y delirante «slapstick» (como uno divertidísimo, protagonizado por Donald), por no olvidarnos de que el italiano Fernandel nos dejó un «Bonifacio el sonámbulo» (que ligaba en estado sonámbulo y luego no se acordaba, para desconcierto de la dama en cuestión) que, en el fondo, era un plagio más o menos disimulado de un genial cortometraje de… Pluto.

Si hay otra parasomnia que le puede disputar esa primacía al sonambulismo son las pesadillas. Han sido las protagonistas de la saga «Pesadilla en Elm Street», y también podemos verlas aparecer de forma accesoria en numerosas películas para reflejar los traumas, angustias y miedos de algún personaje a través de su contenido, como la ya citada en la anterior entrada «Recuerda», además de usar su estética, como también vimos, en muchas más películas. En la primera versión de esa entrada me dejé fuera una de mis películas favoritas, «El proceso», de Orson Welles, toda ella una pesadilla en sí misma… y ahora subsano el error con la imagen de su poster; la lista de películas/pesadilla podría ser enorme, desde «El gabinete del doctor Caligari» (donde también aparece, aunque un poco de pasada, el fenómeno del sonambulismo) a «Carretera Perdida» de Lynch, por citar sólo dos, muy alejadas en el tiempo.

A veces las pesadillas, junto a los terrores nocturnos, aparecen asociadas (de forma muy correcta) al síndrome de estrés postraumático, haciendo revivir a un personaje algún padecimiento o trauma del pasado.
Otras parasomnias pueden aparecer de forma accesoria para caracterizar a algún personaje o crear algún pequeño conflicto, como la enuresis, los terrores nocturnos, los ronquidos, etc.

Curiosamente en la única película que se titula precisamente «Parasomnia», una serie B de terror, no aparece ninguna parasomnia. Se centra en el mundo de la hipnosis y, como mucho, se toca de refilón el tema de la hipersomnia (que, como hemos visto, es una disomnia) y se insinúa en la frase publicitaria del cartel el tema del sonambulismo.

Otros fenómenos relacionados con el sueño y los sueños
En este mundo fronterizo entre los sueños y la vigilia no todo son trastornos, síndromes y problemas. También hay fenómenos comunes y normales que resultan tan interesantes y sorprendentes como los anteriores. Aquí hablaré de unos pocos.

Los mioclonos o mioclonias nocturnas son una repentina sacudida de una serie de músculos que se produce de forma casi aleatoria cuando estamos a punto de quedarnos dormidos; ese repentino movimiento que será como una patada o un tropiezo (de hecho, a veces va acompañada de un minisueño en el que tropezamos), un cabezado o una agitación general, suele despertarnos. Su aparición ocasional, pese al susto que puede darnos a nosotros o a nuestra pareja, es por completo normal y no debe preocuparnos. Su persistencia y regularidad, por el contrario, puede ser síntoma de algún tipo de trastorno subyacente (neurológico o fisiológico). También pueden aparecer debido al consumo de ciertas drogas o incluso cuando a un paciente se le está administrando la anestesia en el preoperatorio.  

Los sueños o imágenes hipnagógicas son una especie de breves alucinaciones (casi siempre visuales, aunque también pueden ser auditivas e incluso olfativas) que van desde unas simples luces o formas flotantes hasta figuras, rostros o personas completas, y que aparecen cuando estamos a punto de quedarnos dormidos; cuando se presentan justo antes del despertar se llaman hipnopómpicas. Son como breves irrupciones visuales del mundo de los sueños en el mundo de la vigilia. Aunque pueden llegar a darnos un buen susto no son en absoluto preocupantes y no indican ningún tipo de trastorno o problema. Es posible que muchas de las apariciones de fantasmas que recoge la literatura de fenómenos paranormales (o las luces de las supuestas abducciones extraterrestres) sean estas imágenes hipnagógicas o hipnopómpicas que luego se combinan con otros trastornos, una personalidad altamente sugestionable y un sustrato cultural del que forman parte esos supuestos acontecimientos extraordinarios.

Aún más interesante resulta el mundo de los sueños lúcidos, esos sueños en los que, de repente, nos damos cuenta de que estamos soñado y que podemos controlar nuestras acciones e incluso ciertos elementos de ese mundo onírico. Aunque tras la aparición de esa lucidez el despertar no tarda mucho en llegar, es una sensación tan extraordinaria y atractiva que se han desarrollado técnicas e incluso artilugios para provocar este tipo de sueños lúcidos.

La más sencilla es intentar recordar los sueños que hemos tenido pues, se supone, eso facilitará la posterior aparición de sueños lúcidos. Otras consisten en ejercicios mecánicos y repetitivos que se realizan durante el día (como contarse los dedos, leer las matrículas o algo así) de forma muy regular para que cuando se hagan en el sueño, el probablemente irreal resultado nos haga conscientes de que estamos en un sueño. Otra, más incómoda, consiste en poner el despertador para 5 ó 6 horas después de acostarse y, tras permanecer un rato despiertos, volver a dormirnos, o sencillamente despertarnos al menos hora y media antes de lo habitual. Esto provocaría leves alteraciones en el ritmo circadiano que, se supone, facilitarán la aparición de estos sueños lúcidos.

Entre las fuentes externas que pueden provocar estos sueños lúcidos se cuentan algunos suplementos alimentarios que incrementan los niveles de los neurotransmisores acetilcolima, dopamina y serotonina, o incluso un aparato que produce sonidos bajos y pequeñas estimulaciones que, al «entrar» en el sueño (este fenómeno de incorporar estímulos externos al sueño lo veremos más adelante) pueden favorecer esa conciencia de que estamos soñando. Aquí podemos ver un «kit» que se vende para provocar este tipo de sueños lúcidos.

No es de extrañar que la gente intente provocar esa experiencia de estar consciente dentro de un sueño, si bien podemos acabar llegando a extremos exagerados y que esas técnicas acaben por resultar molestas en nuestra vida diaria. Además, hay que tener en cuenta que su veracidad no ha sido probada a través de estudios científicos rigurosos y replicados con éxito, por lo que hemos de considerar su efectividad como muy relativa. Algo a tener muy en cuenta especialmente si vamos a comprar un aparatejo que, al final, lo único que va a conseguir es que nos gastemos nuestro dinero en estropear la calidad de nuestro descanso... y convertirnos en el hazmerreir de quién nos vea con estas pintas:
Otro fenómeno curioso es el falso despertar, que consiste en soñar que despertamos… con lo que las ocurrencias oníricas que se producen a continuación de ese falso despertar pueden darnos unos sustos tremendos, aparte de provocar el fenómeno de la lucidez onírica que acabamos de comentar. Este fenómeno sí que ha sido usado con bastante frecuencia en el cine, como en el caso de «Premoniciones» (citada en la anterior entrada), en que la pobre Sandra Bullock no sabía cuando lo que le pasaba pertenecía al mundo de los sueños o a la realidad.

Los sueños lúcidos y los falsos despertares han inspirado a los filósofos para elaborar todo ese tipo de metáforas y teorías sobre la realidad en las que se cuestiona su propia esencia, especulando que todo podría ser una especie de sueño o espejismo. Incluso han tenido su papel a la hora de configurar las ideologías que sustentan la metempsicosis o reencarnación, un concepto de origen europeo —griego, en concreto— que fue llevada a oriente por Alejandro Magno, siguiendo un camino contrario al que muchos le figuran. Estas ideas que identifican la realidad con un sueño también se han filtrado al mundo del arte, desde el celebérrimo monólogo de «La vida es sueño» de Calderón a cosas mucho más modernas y rebosantes de testosterona como «Matrix», toda ella un sueño lúcido donde los problemas existenciales se resuelven a hostias.

Relacionado con los sueños lúcidos, o más bien con una de las supuestas técnicas para potenciarlos, está el fenómeno de la integración de estímulos externos e internos dentro de los sueños. Seguramente todos habremos experimentado algo así cuando el despertador o el timbre que suena dentro de un sueño resulta ser el reflejo del sonido de nuestro verdadero despertador. También podemos integrar palabras (alguien que dice nuestro nombre para despertarnos), sensaciones (de frío o calor), música, percepciones táctiles (alguien que nos toca), olores, etc.

Dentro de los estímulos internos, por ejemplo, es normal soñar que tenemos ganas de hacer pis y despertarnos, precisamente, con esas mismas ganas; y lo mismo para beber o comer. De hecho, el sueño, para contenerlas o intentar saciarlas, suele generar contenidos relativos a ellas… y muy frustrantes, pues bebemos y comemos sin saciarnos en absoluto. Quizá de ahí, de alguno de esos angustiosos sueños, nació el castigo de Tántalo, famélico y sediento para toda la eternidad y sin poder saciarse jamás pese a la cercanía del agua y la comida.

Esto es tanto una consecuencia del funcionamiento de los sueños, que tratan de organizar de forma narrativa y, más o menos lógica, un montón de estímulos y contenidos dispersos y poco relacionados entre sí a los que, de repente, se suman esos nuevos «inputs», como un mecanismo de protección del dormir. Así, esos nuevos estímulos no nos despertarán a no ser que sean demasiado persistentes o rebasen unos ciertos límites.

Por poner un ejemplo, personal y un poco patético, hace tiempo, ante una subida de ácido úrico, tuve ciertos dolores articulares que comenzaron a manifestarse por la noche. En mi sueño se convirtieron en una molesta lesión que me hacía al caer por un terraplén; algo mucho más honroso que el leve ataque de gota que realmente me provocaba ese dolor. Mis sueños no sólo integraron y le dieron lógica a esa sensación, sino que también me permitieron dormir toda la noche sin que ese leve dolor me llegase a despertar.

Y esto me lleva a otro evidente dato: lo que sientes en un sueño lo sientes en la realidad, pues lo que sentimos, en el fondo, no son más que interpretaciones que hace el cerebro de lo que nos llega desde el exterior o de sus propias elaboraciones. Esto llevó al mito, muy popular cuando era crío, de que si en un sueño te caías desde una gran altura y te golpeabas contra el suelo, te morías de un infarto. Bueno, pues no. Lo que sí es real y sientes como tal es el miedo o la impresión ante la caída, pero no el golpe contra el suelo; el cuerpo no sufrirá nada pues los sueños no llegan a salir jamás de los límites del cerebro, límites ya de por sí enormes. Supongo que de ese mito nació la premisa de «Pesadilla en Elm Street», en donde lo que los protagonistas padecían en sus sueños, cortesía de Freddy Kruger, sí les ocurría a sus cuerpos.

Freddy no ha sido el único monstruo nacido de ese mito, ni siquiera el primero, pues mucho antes aparecieron los íncubos y súcubos, si bien el daño que nos hacían era mucho más llevadero...

Si no mantenemos una vida sexual regular o no la compensamos con una adecuada política de masturbación, la tensión sexual (y el esperma, en el caso de los hombres) se acumulará en nuestro exterior y se saldrá cuando nuestra conciencia no esté en guardia, o sea, en sueños. Por eso aparecen los sueños eróticos, en los que las sensaciones (si bien no el contacto) son tremendamente reales y podemos llegar a tener un orgasmo, acompañado en el caso de los hombres por una polución nocturna. En la puritana y represiva Edad Media se explicó ese fenómeno (especialmente frecuente en monjes, sacerdotes y monjas, como es lógico) acudiendo a la intervención de demonios que se posaban sobre los durmientes para provocarles esos sueños. Los íncubos era los demonios masculinos que asediaban a las mujeres (pudiendo llegar a dejarlas embarazadas a veces) y los súcubos los que se encargaban de hacerles esas jugarretas a los hombres; enviados de Satán para poner a prueba la pureza y moralidad de las personas. Hoy esos seres se han convertidos en demonios que, ocasionalmente, aparecen en alguna que otra película de terror, ya muy desligados de su naturaleza onírica.

Pese a que la ciencia ha despejado toda sombra de anormalidad sobre este fenómeno tan común, en algunos círculos amigos del esoterismo y las teorías pintorescas, se asocian algunos de estos fenómenos de contenido sexual a presencias fantasmagóricas y otras explicaciones paranormales (donde, cómo no, tampoco faltan los extraterrestres). Si bien la interpretación de la iglesia era más ominosa, terrible y culpabilizadora, éstas pecan de ser mucho más cutres.

Los campos asfódelos
Me gusta cerrar esta entrada hablando de fantasmas, íncubos y súcubos, criaturas extraordinarias y extrañas que pueblan, junto a muchas otras, el mundo que media entre la vigilia y los sueños. Un páramo extenso semejante a los campos asfódelos de la mitología clásica, cubiertos por esas flores blancas que crecían en los cementerios, a medio camino del reino de los vivos y del más allá, poblado por almas sin memoria, héroes caídos que no tienen a quien contar sus hazañas y todo tipo de seres en transición de un mundo al otro.

En la próxima entrada, que espero que no se retrase tanto como ésta, entraremos de lleno en el reino de lo onírico y en las múltiples interpretaciones que a lo largo de la historia el ser humano le ha dado a su contenido. Un lugar confuso y extravagante en el que, sin dejar de ser nosotros mismos, nos convertimos en otros.

9 comentarios:

Majo dijo...

Tu entrada -entradón mejor dicho-, viene precisamente en una época en que he sufrido de insomnio y constantes pesadillas :(.

Además, justamente estos días he leído algo sobre el tema de la programación de los sueños, que en ese caso trataba de la posibilidad de asociar sensaciones negativas a aquello que, con total lucidez, nos resulta agradable (o al revés, vamos). Aparte de todo esto, que me apeteció comentarte, ¿hablarás sobre la falacia o veracidad de la hipnosis?

En cualquier caso, cuánto aprende uno leyendo ciertos blogs...

Buena tarde de martes.

Elperejil dijo...

Vaya, Majo, siento mucho que estés padeciendo esas pesadillas e insomnio, pues lo de dormir algo es algo que nos machaca tremendamente. A ver si vas mejorando y vuelves a recuperar tu buen sueño.

Por lo demás, muchas gracias por tu comentario y tus ánimos.

Respecto al tema de la programación de sueños, pues lo mismo que con los sueños lúcidos; que yo sepa no hay nada probado científicamente ni con estudios rigurosos y bien replicados... lo cual tampoco quiere decir que no pueda funcionarle a algunas personas. Evidentemente los sueños reflejan nuestros sentimientos y vivencias (o incluso padecimientos físicos)... y si estamos en un mal momento, eso va a aparecer en ellos; una mejoría global siempre ayudará... y, de hecho, intentar hacer algo (más si es algo diferente a lo que hamos probado y ha fracasado), ya suele implicar cierto impulso positivo y favorecer cierta mejoría. Por probar, mientras no te afecte a tu vida normal o no quieran comerte el coco con cosas raras, tampoco pierdes nada.

Y si te interesa la hipnosis no tengo problema en dedicarle un post, pues es un fenómeno interesante que ha salido mucho en cine... y en el que tengo experiencia tanto siendo hipnotizado como ejerciendo de hipnotizador.

El próximo post acabará con el tema de los sueños y en el siguiente trataré el tema de la hipnosis.

Majo dijo...

Pues muy agradecida, de verdad :)

A más leer...

Marta dijo...

Acabo de aterrizar en tu blog de casualidad. Me encantan la psicología y el cine, así que creo que será uno de mis blogs preferidos. Eso sí, tendré que venir en mis pausas largas porque sería imposible leer entradas así en mi minipausa para el café. Saludos desde Barcelona :)

Javier dijo...

Hola,
Esta entrada podría ser (injustamente, a mi parecer) considerada como la menos interesante de las tres en que has decidido estructurar el tema. Sin embargo, para mí resulta muy interesante por lo muy necesaria que es.
Ocurre que, cuando nos enfrentamos a un tema tan amplio, es preciso acordar una nomenclatura, y unos conceptos, para evitar malentendidos o interpretaciones equívocas.
Con esta entrada dejas muy claras muchas cosas que tenía en mi cabeza como una nebulosa, con lo cual nada, decirte que muy agradecido, y esperando sin prisa la nueva entrega.

También a mí me interesa especialmente la parte que pueda relacionar el sueño con la hipnosis, como ventanas, o como puerta y llave, respectivamente, para entrar en los sótanos de la mente. ¿O serán los trasteros?
Hasta la proxima!

Elperejil dijo...

Muchas gracias por tu visita Marta, y ojalá que sigas disfrutando con el blog.

Esta entrada es especialmente tocha y durilla, pero hay otras más llevaderas y cortitas, como las de las falsas citas o las de los músicos. Intentaré ir alternando unas y otras.

Elperejil dijo...

Hola, Javier, y gracias por tu comentario... y tus ánimos.

Efectivamente esta parte es la más dura de leer... y de escribir. Cuando la estaba haciendo me daba cuenta de eso, pero tampoco quería eliminar información o recortarla para hacerla más ligera, pues eso supondría dar una visión demasiado parcial o incompleta de todos estos trastornos y problemas. He intentado ser lo más claro y conciso posible, pero sin llegar a hacer simplificaciones tan excesivas que den una idea errónea de las cosas... algo que no es nada fácil y no siempre sale bien. Me alegro de que te haya gustado y que te sirva para aclarar algunas ideas y conceptos.

Ya me comentaréis sobre los dos siguientes posts, en los que sí entraré de lleno en el mundo del significado de los sueños y en el de la hipnosis.

Elperejil dijo...

Acabo de actualizar la entrada con la inclusión de las mioclonias o mioclonos en el apartado de "otros fenómenos relacionados con el sueño".

La navaja en el ojo dijo...

Hola, después de todo este tiempo, he vuelto a estas entradas porque me hacía falta la documentación para un trabajo. Y ya que estoy, pues he pensado en dejar un mensaje para pedir que se reabra o retome el blog, ya que era muy interesante.