lunes, 12 de octubre de 2009

Post especial del 12 de octubre - Cristobal Colón

Como bien dejaron escrito Billy Wilder y I. A. L. Diamond «nadie es perfecto», y así nos gusta que sean nuestros héroes. Más grandes que nosotros, pero no más que la naturaleza.

De hecho, para construir un buen personaje es necesario dotarle de complejidad y claroscuros, de pequeños defectos y debilidades que lo hagan más humano y cercano. La perfección no sólo puede resultar repelente, sino que sonará falsa.

No pasa nada porque el protagonista arrastre un pasado traumático o que los excesos de la pasión le hagan perder el control, o que tenga debilidades, miedos, carencias, secretos inconfesables… incluso podremos perdonarle que sea mujeriego o alcohólico si se acaba redimiendo. Pero hay ciertas cosas que no se tolerarán, por lo menos en un héroe épico… y por eso hay dos rasgos del Colón histórico que nunca han llegado a las películas.

Colón era un cutre

Sí, así es la realidad, Colón era un tipo bastante cicatero, tacaño y miserable. Ya se puede intuir en las exigencias en dinero, tierras y títulos con que le iba a los soberanos que pretendía que financiasen su expedición, exigencias que, en buena medida, retrasaron su viaje de exploración. El rey de Portugal lo mandó a freír espárragos y aún tardó casi diez años en conseguir todo eso de los monarcas de la recién instaurada unión de los Reinos de Castilla-León y Aragón. Y eso no es lo peor, pues cuando ya tenía concedidas todas esas cosas, aún fue más allá y cometió uno de los actos de racanería más grandes de la historia.

La noche del 11 al 12 de octubre de 1942 Rodrigo de Triana avistó tierra y así lo gritó, ganándose con ello una sustanciosa recompensa que se había prometido al primero que divisase costa. Pero Cristóbal Colón no paró de manipular y tergiversar las cosas, alegando que él había visto primero la tierra —la noche anterior, pero se le olvidó comentárselo a nadie; ¡qué huevos!—, hasta que consiguió que le retirasen la recompensa a Rodrigo para quedársela él mismo. ¿No es eso ser un roñoso?



Colón estaba equivocado

En el anterior cuadro de David Wilkie vemos la famosa reunión de Cristóbal Colón con los monjes de La Rábida. El mito relata que les convenció de que la Tierra no era plana y que él podía circunnavegarla para llegar a las ricas tierras de oriente a través del Atlántico. Pues bien, eso no fue lo que ocurrió.

Los monjes de la Rábida eran unos tipos muy listos y cultos. Casi todos tenían formación en matemáticas y astronomía y estaban muy relacionados con el mundo de la navegación. Sabían perfectamente que la Tierra era redonda y, siguiendo los cálculos de Eratóstenes, hasta conocían su dimensión aproximada: unos 40.000 quilómetros de diámetro.

Y entonces llegó Colón, con unos mapas que había elaborado Toscanelli en Italia, diciéndoles que se equivocaban, que la Tierra era mucho más pequeña, en concreto unos 25.000 quilómetros, y que él podría llegar por el camino de occidente hasta la rica Cipango (Japón). Los buenos monjes le dijeron que no, que eso era un disparate, que hasta Cipango habría unas 2.500 leguas y no 1.200, como Colón afirmaba, y que si intentaba ese viaje sólo conseguiría acabar muerto en medio del océano. Pero Colón, que lo que tenía de cutre e inculto también lo tenía de perseverante y espabilado, consiguió puentearlos y llegar directamente hasta la reina. E Isabel, que tampoco era una científica y los únicos cálculos que le interesaban eran los monetarios, vio que tampoco perdía tanto (tres barcos y la promesa del porcentaje de unas riquezas que aún no tenía) si la cosa acababa mal... y que era mucho lo que podía ganar si tenía razón.



Y así, tras una espera de diez años, provocado por sus cicateras exigencias y sus ridículos planes, Colón consiguió hacerse a la mar para un viaje que, en un mundo más justo, habría acabado mal… pero tuvo suerte y se tropezó con todo un continente en medio, América


¿De dónde viene la equivocación de Colón?

Por toda una serie de fenómenos ópticos y físicos, los filósofos y geógrafos sabían que la Tierra era una esfera. Mediante técnicas de óptica y cálculos trigonométricos calcularon la longitud que tendría un grado de esa circunferencia y, multiplicándola por 360, averiguaron el diámetro de nuestro planeta: 40.000 quilómetros, una aproximación bastante exacta.

Entonces, ¿por qué Toscanelli, al calcular su mapa, le otorgó al planeta un diámetro de 25.000 quilómetros?

La cosa se debe a un error la mar de tonto. El buen hombre usó como punto de partida para su cartografía los cálculos que había hecho Alfraganus —cuyo nombre completo era « Ahmad ibn Muhammad ibn Kathīr al-Farghānī»— para hallar la longitud de un grado de la esfera terrestre, pero no se dio cuenta de que ese matemático usaba millas árabes (1830 metros) en lugar de las millas italianas (1238 metros) que él estaba usando, con lo que al hacer números la Tierra le quedó un tanto chiquitita. En el siguiente diagrama se ve el resultado del mapa de Toscanelli en comparación con la realidad.



Para Colón eso debía apoyar las historias de antiguos marineros vikingos que había topado con tierras a occidente —los demás científicos y navegantes pensaban que serían islas septentrionales, gélidas y con poco valor—, y que él confiaba que perteneciesen a las regiones del norte de la rica Cipango.

Como dijo Asimov, lo que Colón demostró el 12 de octubre de 1492 es que no importa estar equivocado si tienes buena suerte. Una lección que ha calado muy hondo en nuestras tradiciones, y explica porque en este país se cubren más quinielas y bonolotos que solicitudes para entrar en la Universidad.


Colón y el cine

Por supuesto, estos dos rasgos apenas han sido reflejados en las más de treinta versiones cinematográficas que se han hecho de la gesta de Colón. De todas ellas me quedo con la que quizá sea la versión más fiel a la realidad, sino en los hechos por lo menos sí en el espíritu. Aquí os dejo una de sus escenas más famosas, el momento en que Colón conoce a los hermanos Pinzón.


6 comentarios:

Marcos dijo...

Grande!

Elperejil dijo...

Gracias Marcos, todo un honor tenerte de visita por el blog... aunque supongo que ese comentario, bien merecido, se refiere a ese temazo de la película "Cristobal Colón de oficio descubridor".

A ver si encuetro la excusa para colar algo de "El Cid Cabreador"... qué tiempos aquellos en que en el cine español, cuando se hacía el ridículo era a propósito...

Carlos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Carlos dijo...

Efectivamente, el espíritu debía estar más cercano a la película de lo que se creen luego muchos, y otros tantos mitos que caerían...si las tumbas hablasen, je,je.

La navaja en el ojo dijo...

¿Es verdad que antes ya habían llegado otros a América, como los vikingos?

Elperejil dijo...

Sí, claro. Los primeros en llegar a América (posiblemente en varias oleadas) fueron sus primeros habitantes hace miles de años, desde el este de Asia y siguiendo la ruta del estrecho de Bering e incluso otras más al sur a través del océanos Pacífico y sus islas, como algunos recientes estudios pretenden demostrar.

Después, alrededor del siglo X, varias expediciones nórdicas llegaron hasta Groenlandia donde fundaron una colonia que se mantuvo allí durante varios siglos, llegando a tener un obispo y todo. Desde esa colonia partieron varias expediciones que llegaron a tocar el continente americano, si bien no fundaron ningún establecimiento. A princpios del siglo XV las colonias de Groenlandia comenzaron su declive y acabaron por desaparecer.

En tiempos de Colón se conocía esto, más o menos, pero se pensaba que aquellas duras tierras del norte pertenecía a una serie de duras islas septentrionales sin ningún interés para la colonización ni la conquista y que, al sur de ellas, sólo habría océano vacio.

El interés de Colón era llegar a Japón y no tenía nada que ver con esas islas.

Evidentemente, el contacto de Colón con los pueblos americanos cambió radicalmente la historia a partir de ese momento, mientras que el contacto nórdico apenas produjo impacto... y eso, a la larga, es lo que pesa en la historia del mundo, no quien llegó primero.